30 de marzo de 2017
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Carta del Director

30 Años en el negocio

Amo el vino, tal como muchos de mis amigos en esta industria. Durante los últimos 30 años, he tenido la suerte de asistir a maravillosas cenas con gente interesante, la mayoría de las cuales estuvieron acompañadas de excepcionales botellas de vino. Pero una de mis experiencias de negocio que involucró vino tuvo un resultado casi desastroso.

Anna y yo nos habíamos casado recientemente, y cuando ella se convirtió en editora de nuestro grupo editorial, decidimos elevar el estándar sobre el nivel de ejecutivos que entrevistaríamos para la revista. ¿A quién podríamos entrevistar que pudiera mostrar nuestro poderío editorial y crear una increíble cantidad de interés? Era enero de 2001 y, en ese momento, había una persona cuyo rápido crecimiento y personalidad mítica calificaba perfectamente: Jean-Marie Messier. Él tomó las riendas de la compañía francesa de agua Vivendi y rápidamente la transformó en un gigante de medios al adquirir CANAL+. Luego, él compró Seagram, el gran destilador de bebidas alcohólicas, el cual también era propietario de Universal Studios. Él se refería a si mismo en su autobiografía como J6M (Jean-Marie Messier: Moi-Même Maître du Monde), el cual se traduce a Jean-Marie Messier: Yo mismo amo del mundo. He conocido a muchos ego maníacos en este negocio, ¡pero nada me preparó para eso!

Anna y yo estábamos emocionados cuando nos dijeron que Messier había aceptado nuestra solicitud y que estaríamos entrevistándolo en el Seagram Building en Park Avenue. Un año antes, la revista Time había nombrado al Seagram Building, construido por Mies van der Rohe, como el logro arquitectónico más importante del milenio pasado. (Así es, ¡mil años!)

Para prepararse para la entrevista, Anna leyó el libro de Messier y me dijo que él mencionó que su vino favorito era Château Ducru-Beaucaillou, un vino de Bordeaux. Tenía un par de botellas de la cosecha de 1990 y decidí que debía darle una después de la entrevista.

El día de la entrevista estaba un poco nervioso. No es todos los días que conoces a un gobernante cósmico en su espléndido palacio. Llegamos al Seagram Building y tomamos el ascensor hasta el piso donde se encontraba la sala de conferencias. Cuando las puertas del elevador se abrieron, nos encontramos con una enorme pared llena de botellas de vino. Comencé a leer las etiquetas: Château Latour 1945; Château Lafite 1953; Château Margaux 1928… había cientos de botellas de las cosechas más históricas de los châteaux más prestigiosos. Luego me enteré que, además de ser uno de los destiladores más grandes del mundo, Seagram también representa distintos vinos de Bordeaux en Norteamérica. De repente, estaba muy avergonzado de la botellita que traía conmigo en una bolsa de plástico. Intentaba encontrar un lugar para deshacerme de ella cuando se abrieron las puertas de la sala de conferencias y fuimos escoltados hacia ella. Coloqué la bolsa junto a mi silla y, pocos minutos después de comenzar la entrevista, accidentalmente la golpeé con mi pie, causando que la botella se cayera. Estaba aterrorizado de que la botella se hubiese quebrado y el vino se hubiese derramado moviéndose hacia los costosos zapatos de Messier, pero no me atreví a mirar debajo de la mesa. Todo terminó con la botella intacta y con una entrevista que resultó muy bien. Cuando nos íbamos, reuní el coraje para darle mi presente, el cual aceptó graciosamente.

El Seagram Building también alberga al famoso Four Seasons Restaurant, que acoge a los mejores eventos de cata en Nueva York. En una de sus degustaciones Brunello, tuve la suerte de conocer a Richard Parsons, quien entonces era el CEO de Time Warner y, sin saberlo, el dueño de un viñedo en la Toscana. Su vino era uno de los seleccionados para la degustación, y tuvimos una velada muy agradable con la ayuda de delicioso vino italiano. Al día siguiente, le escribí una carta solicitando una entrevista y aceptó inmediatamente. No estoy seguro si los recuerdos de aquella noche tuvieron algo que ver, pero Dick Parsons fue el único directivo de una gran compañía de medios que llegó al área de recepción a saludarnos en persona y llevarnos a su oficina. Fue un lindo gesto y nunca lo olvidaremos.

Durante la duración de mi carrera he conocido a varias personas que decidieron convertirse en vinicultores. Es sin duda genial decirle a tus invitados que eres dueño de un viñedo y que ellos están bebiendo de tu vino. Pero si dejamos tales pensamientos románticos de lado, la mayoría de estos recientemente convertidos vinicultores aprende rápidamente que un exitoso negocio del vino consume mucho tiempo y un intenso capital de forma excesiva. Es relativamente fácil ser un vinicultor ordinario; es sumamente difícil y costoso ser un vinicultor serio e impresionante.

Lo mismo es verdad sobre la industria editorial. No es fácil publicar una gran revista. Se necesita del gran esfuerzo de un ambicioso equipo que está incansablemente en la búsqueda de la perfección. Mientras reflexiono sobre la historia de nuestra compañía, bebiendo un vaso de Burgundy, debo confesar (in vino veritas) que encontramos breves momentos de debilidad, cuando sentimos que poner junta una edición tan masiva (además de los cuatro diarios y diez boletines semanales online) es demasiado abrumador. A veces tenemos nuestros destellos de duda y pregunta si todas las largas horas y sacrificio personal realmente valen la pena. Pero cuando todo terminó, la satisfacción de haber creado una edición inolvidable, una vez más, es extremadamente gratificante. Así que por favor abra una buena botella de vino y acompáñeme en un brindis mientras festejamos 30 años de excelencia editorial.

—Ricardo Seguin Guise