El juicio, la condena y posterior absolución de Amanda Knox por el asesinato de su compañera de cuarto, Meredith Kercher, han recibido una amplia cobertura documental, posicionándose en esa categoría de escándalos de preferencia sensacionalista que acapararon titulares en todo el mundo. The Twisted Tale of Amanda Knox, que se estrenó en Hulu en Estados Unidos y en Disney+ en América Latina, narra la larga travesía de Knox (quien también se desempeña como productora ejecutiva), para limpiar su nombre. Sin embargo, en esencia, la serie de ocho episodios es un examen sobre los prejuicios, explican dos de sus productoras. 
Knox trabajó junto a Monica Lewinsky para encontrar a una guionista que contara su historia en formato de ficción, sumando a la productora ejecutiva K.J. Steinberg y al equipo de The Littlefield Company, fundada por el exejecutivo de NBC Warren Littlefield. Lisa Harrison y Ann Johnson, productoras ejecutivas en The Littlefield Company, han estado involucradas en llevar la historia de Knox a la pantalla durante los últimos tres años.
“Es una forma muy particular de hablar sobre un crimen real”, afirma Johnson. “Se trata de los juicios de Amanda. No es sensacionalista, no es, ‘vamos a entrar en los detalles escabrosos de lo horrible que le ocurrió a Meredith’. Se trata de cómo Amanda y Raffaele [Sollecito, entonces novio de Knox, también condenado por el asesinato de Kercher], tuvieron que enfrentar su proceso judicial”.
“La guía que K.J. planteó desde el inicio fue la anatomía del prejuicio”, agrega Harrison. “Era una historia lo suficientemente impactante como para captar la atención de la gente y una vez que estaban observando, podíamos usarla para examinar todas las maneras en que los distintos actores e instituciones dejan que sus sesgos influyan, ya sean económicos, religiosos o culturales. Si lográbamos mantener esa exploración del prejuicio de alguna forma, [podíamos] trascender la tragedia de lo que le ocurrió a Meredith y a todos los demás”.
Knox fue “generosa con su historia”, afirma Johnson, pero no hubo directrices sobre cómo debía ser interpretada por Grace Van Patten en la serie. “Ella confió en K.J. y en Monica. Estuvo abierta a la manera en que K.J. quería contar la historia. Lo que quería era que se contara con verdad”.
“Aprendimos una palabra nueva trabajando en este proyecto”, señala Harrison. “No queríamos que fuera una hagiografía. Todos los involucrados tenían demasiado en juego como para no contar una historia con integridad. Estábamos verificando entre nosotras y con todos los participantes, quienes tenían distintos puntos de vista, para asegurarnos de que tuviera la mayor integridad posible”.
Usando una variedad de fuentes, incluyendo transcripciones judiciales y el libro de Sollecito, la clave era ser “imparciales”, explican Johnson y Harrison. “No teníamos intención de pintar a nadie como villano en esta historia, salvo a Rudy [Guede, quien finalmente fue condenado por el asesinato de Kercher] y ni siquiera a él lo presentamos como el villano”, dice Johnson.
“Esto tiene que tratar sobre algo más universal que lo ocurrido en esta historia”, agrega Johnson. “Estamos trabajando en otro proyecto basado en true crime. Hemos pasado mucho tiempo hablando sobre los temas y sobre la historia que subyace a la historia. Es tan importante rendir honor a Meredith, a la historia en sí y a ese momento en el tiempo. Soy adicta al true crime. Me sumerjo en algo y lo dejo de lado si solo se trata de: déjame contarte lo horrible que pasó. Lo interesante está en la psicología de lo que ocurre en estas historias para los sobrevivientes, las víctimas y el perpetrador”.
Harrison comenta: “No soy una persona de true crime. No habría podido trabajar en esto durante tanto tiempo y con tanta intensidad sin que existiera ese tema más amplio”.
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