Los creadores, escritores y showrunners Leonardo Padrón y José Ignacio Valenzuela participaron en un panel en MIP CANCUN, moderado por Elizabeth Bowen-Tombari, editora de TV Latina, donde conversaron sobre el trabajo que están realizando y la evolución de sus roles en la industria televisiva y del streaming.
La conversación comenzó con Bowen-Tombari preguntando a los panelistas sobre sus inicios en el medio de la creación de contenido y narración de historias. “Desemboqué en el periodismo, pero mi verdadero origen, mi ‘líquido amniótico’ es la literatura y poesía”, destacó Padrón, quien en junio pasado cerró un acuerdo con Banijay para la creación de contenido para América Latina, España y Estados Unidos. “Ese fue, de hecho, el primer crossover de los muchos que me ha tocado hacer en la vida, porque, como comprenderás, la poesía y televisión están en extremos opuestos de la cadena alimenticia del contenido”.
El ejecutivo agregó: “En algún momento, mientras perseguía el cine, porque soy melómano y quería dedicarme al cine, terminé entrando en un pasillo que conducía a la televisión. Pensé: ‘Este puede ser el camino para llegar al cine’. Ese pasillo ya lleva casi 40 años y acabó convirtiéndose en casa. Fui al cine, regresé, volví varias veces, pero la televisión terminó seduciéndome definitivamente. Hay algo profundamente fascinante en escribir una historia entre las cuatro paredes de tu casa y ver cómo termina viajando a lugares insospechados. Para un contador de historias, esa sensación es indescriptible. Y pasar de publicar un libro de poesía, donde vender 10 mil ejemplares era un éxito rotundo en mi país, a tener una audiencia que se mide en millones de espectadores fue también algo maravilloso. Fue realmente un crossover drástico”.
Valenzuela compartió una experiencia similar, afirmando que sus inicios también se dieron a partir de la literatura. “Estudié literatura en la universidad, y fue precisamente en mi primer año cuando escribí mi primera telenovela”, comentó el ejecutivo. “Debo reconocer que no la escribí con la intención de convertirme en guionista, simplemente estaba buscando trabajo. En aquella época no existía Internet, así es que fui personalmente a varios canales de televisión a dejar mi currículum, por si necesitaban a alguien que corrigiera faxes, que era lo más moderno que había entonces, o que ayudara en cualquier tarea. Mientras buscaba empleo, inventé algo en el momento, lo puse por escrito, a mano y lo entregué. Para mi sorpresa, aquello terminó convirtiéndose en una telenovela. Con el paso de los años descubrí, de manera inocente e ingenua, que aquello podía ser, en realidad, una carrera”.
“Con el tiempo me di cuenta de que ya estaba viviendo una carrera como escritor de televisión”, continuó. “Este año cumplo 30 años dedicado a ese oficio. Ese camino me llevó a vivir en México, donde también pude escribir cine y, además, mucho teatro, que sigo escribiendo hasta el día de hoy. Y en los últimos siete, ocho, quizá nueve años, he ido haciendo la transición hacia las series. ¿Y quién sabe en qué terminaré en los próximos cinco, seis o 10 años?”.
Bowen-Tombari luego les preguntó sobre el trabajo que están desarrollando con los streamers globales, y el proceso de evolución de pasar de escribir telenovelas de 120 episodios a crear una, dos o tres temporadas de 10 episodios de 45 minutos, sin cortes.
“En mi caso particular, hice la transición con muchísimo entusiasmo”, comentó Valenzuela. “He escrito, creo, unas 26 telenovelas, y de esas, alrededor de 20 las escribí completamente solo, sin equipo. No sabía que se trabajaba con equipos de guionistas, y los canales tampoco me lo dijeron, porque evidentemente les resultaba más barato tenerme escribiendo a mí solo. Así es que, cuando estás acostumbrado a producir seis capítulos por semana y de pronto llegas a un streamer y te dicen: ‘¿Tienes un mes para escribir un piloto?’, yo no lo podía creer.
Valenzuela comentó que esta experiencia fue aprender a escribir de nuevo. “Descubrí que mucho de lo que había hecho en telenovela no funcionaba realmente en el streaming. En una telenovela, sobre todo en el capítulo uno, construyes un gran episodio de presentación: estableces las promesas que se desarrollarán después, preparas el terreno y cierras con ese gran suceso que rompe el equilibrio precario. Es decir, la verdadera historia empieza en el capítulo dos. En cambio, cuando escribes para Netflix, Amazon, HBO o Disney, debes eliminar prácticamente todo ese acto uno y comenzar directamente con el suceso desencadenante. Y eso, al menos para mí, implicó borrar de mi cabeza 25 años de experiencia, reconfigurarla y, en muchos sentidos, y volver a aprender a escribir desde cero”.
Para Padrón, esta transición también representó otro cambio significativo en su carrera profesional. “Bueno, ese fue otro crossover: pasar de las historias de larga duración, de 120, 150, incluso 180 capítulos, a otro tipo de narrativa”, comento el ejecutivo. “En esa época escribíamos un capítulo diario: eran 40 páginas cada día. Hoy miro hacia atrás y mi espalda me agradece haber dejado atrás esa faena que mantuve durante décadas. Además, estaba el tema del rating, que era el gran villano de la historia. Vivías pendiente de él: a las 10 de la mañana del día siguiente esperabas saber cómo le había ido a tu capítulo. Esa llamada podía arruinarte el día o la semana, o hacerte la persona más feliz del mundo”.
“Fue un crossover muy interesante, por supuesto, porque empiezas a dejar atrás muchos elementos propios del género”, continuó Padrón. “En el streaming, prácticamente todas las escenas deben ser conducentes, la gran mayoría tiene que mover la historia hacia adelante. En la televisión abierta, especialmente en las telenovelas, eso no siempre era así. Existían las llamadas escenas de color: momentos en los que los personajes se divertían, conversaban, se enviaban indirectas, y de alguna manera se ampliaban sus rasgos solo por el placer de escucharlos hablar. Y al público, además, le encantaban.
Pero en el streaming las exigencias son otras. Toda esa ‘grasa’ dramática debe eliminarse para llegar al hueso de la historia. Incluso más allá del gran cliffhanger del final de capítulo, en la televisión abierta debías buscar pequeños cliffhangers para cada corte comercial. Cada bloque exigía tener al público agarrado por el cuello. En el streaming, esa presión es distinta y, de alguna manera, más exigente. Estilísticamente, es un cambio fuerte: ¿cómo cuentas una historia en una carretera tan corta? Felizmente, creo que el streaming le ha hecho un enorme bien a la industria y al arte de contar historias audiovisuales. Ha traído consigo mucho de la narrativa cinematográfica: estructuras en tiempo paralelo, relatos más inteligentes, más sofisticados. Una gran cantidad de recursos del lenguaje audiovisual propios del cine se pueden usar con mucha más libertad creativa que en la televisión abierta”.
La conversación luego giró en torno a la globalización del contenido, impulsada principalmente por las plataformas de streaming. En este sentido, Bowen-Tombari les preguntó a los panelistas si están creando desde lo local hacia lo global, o al revés.
“Recuerdo que mi primer ataque de pánico oficial, el que marcó realmente mi entrada en el mundo de las series, ocurrió cuando recibí la llamada de Netflix. Me dijeron: ‘Queremos que escribas una serie’, que terminó siendo ¿Quién mató a Sara?, lo primero que hice para ellos”, destacó Valenzuela. “Y fueron muy enfáticos: ‘Ten claro que esto va a ser visto en 200 países simultáneamente, así es que escribe global’. Cuando me dijeron ‘escribe global’, me paralicé por completo. Pasé varios días así. Porque ¿qué significa realmente escribir algo global? ¿Que debe resonar en Ciudad del Cabo, en La Paz, en Budapest, en Chile, con mi abuelita y con el señor que vive frente a la Torre Eiffel? Para mí, esa palabra global fue una avalancha, y una bastante paralizante. Lo que hice para sobrevivir a ese vértigo fue recordar un dicho que, literalmente, me salvó la vida: ‘Pinta tu aldea y serás universal’. Entonces tomé una decisión, no sé si correcta o no, pero fue la que me permitió avanzar: iba a escribir sobre algo que, a mí, personalmente, me impresionara, afectara, y perturbara, algo que me mantuviera anclado frente al computador 12 horas al día durante seis meses”.
“Creo que las historias viajan no por el pasaporte de los personajes, sino por la fuerza de sus dilemas”, explicó Padrón. “Cuando hablas de la condición humana, hablas de algo que no cambia según la nacionalidad. Todos los seres humanos compartimos las mismas miserias, apetencias contradicciones, luces y oscuridades, seamos australianos, checos, brasileños o mexicanos”.
Padrón agregó: “Recuerdo que cuando recibí la llamada de Netflix, una llamada que, sin duda, marca un antes y un después, traté de olvidarme de esa idea de que te van a ver en 200 países, porque me parecía insano trabajar con eso en mente. Y, sin embargo, es lo primero que te dicen. Pero cuando estaba buscando la historia que terminó siendo Pálpito, con la que me estrené en Netflix, me propuse encontrar un dilema moral realmente poderoso. Pensé: ¿qué pasaría si a un hombre le dicen que su esposa morirá en dos meses si no recibe un trasplante de corazón, pero las listas de espera son de ocho meses o un año, y de pronto aparece alguien que le ofrece conseguir ese corazón a cambio de matar a una persona? Ese es un dilema universal. Le puede ocurrir a un venezolano, a un estadounidense, a un chino, a quien sea, y todos enfrentarían el mismo conflicto moral. Al final, todo se sostiene en la fuerza del dilema y en confiar en el lenguaje de las emociones. Y las emociones son las mismas en cualquier rincón del planeta”.
Al preguntarles de dónde sacan nuevas ideas en medio de la cantidad de producciones originales provenientes de América Latina, España y otros territorios, Padrón comentó que, “La mejor fuente creativa es la actualidad. La realidad escribe mejor que la ficción, es una gran escritora, y a veces francamente delirante. Y la realidad está habitada por la condición humana, que es una avalancha de historias, de circunstancias, de tonos, de terrores y de dramatismo que resultan verdaderamente maravillosos. A mí, como escritor, cada vez me gusta más escuchar que hablar. Un escritor es, en esencia, un espía de la realidad. Cuando escuchas, las historias llegan solas. A veces voy a reuniones y les digo a todos: ‘No me responsabilizo por lo que salga de aquí dentro de unos meses’, porque los relatos de la gente son extraordinarios. Hay historias por todas partes. Lo que uno hace es simplemente una manera de capturarlas, darles forma, estructurarlas y lanzarlas al mundo”.
“Invento las historias en la ducha”, explicó Valenzuela. “La ducha es ese momento del día en el que no suena el teléfono, nadie me habla y, de alguna manera, descubro qué es lo que realmente me tiene inquieto. A veces me sorprendo discutiendo con los azulejos por algún tema, y cuando noto que llevo un par de días peleando mentalmente con lo mismo, digo: ‘Aquí hay un tema’. Otra práctica que tengo de manera permanente es investigar, país por país, cuáles son las palabras más buscadas en Google. Por ejemplo, ahora estoy desarrollando una serie para Francia, y mi proceso previo fue pasar semanas revisando cuáles son los términos más googleados, los conceptos más consultados en Internet y las noticias más destacadas en los periódicos. Eso me da, de alguna manera, una especie de espejo de la sociedad”.
En cuanto a la evolución que ha tenido el rol de los creadores y el trabajo más involucrado que tiene con la sala de escritores, Padrón comentó: “En mi caso, cuando hacía televisión en Venezuela, el término showrunner ni siquiera existía, pero con el tiempo entendí que eso era exactamente lo que hacía. No soltaba el capítulo: lo acompañaba hasta el canal, iba a la sala de edición, me reunía con la directora de arte. Empecé incluso a traer gente de otros ámbitos: un músico académico para los incidentales, un artista plástico para crear ambientaciones y decorados. Me involucraba profundamente en cada etapa del proceso. Como las telenovelas funcionaban y eran exitosas, el canal me permitió hacerlo. Editaba con el editor hasta el capítulo 20 y, a partir de ahí, ya dejaba que el equipo siguiera. Tuve ese privilegio, lo sé, porque no es la norma. Así es que, cuando finalmente tuve la oportunidad de asumir ese rol aquí, fue como volver a mis aguas naturales”.
“En mi caso, la llegada fue mucho más abrupta, porque yo era el showrunner de ¿Quién mató a Sara? y no sabía que lo era”, comentó Valenzuela. “Cuando empecé a trabajar en la serie, lo hice con Netflix Estados Unidos, ni siquiera tenían oficinas en México en ese momento. Y allá la fórmula es muy clara: si eres el creador y además el productor ejecutivo, como era mi caso, entonces eres el showrunner. Ingenuamente, empecé a ver que me copiaban en correos donde preguntaban por los autos de los personajes, por los colores de las locaciones, por decisiones visuales y narrativas muy específicas. Y yo pensaba: ‘Ojalá alguien conteste esto y atine con la respuesta correcta’. Después de unas tres semanas, me escribió Roberto Stopello, que era mi jefe en Netflix, y me dijo: ‘¿No vas a contestar los correos?’. Le respondí: ‘Pero Roberto, están preguntando cosas muy serias’. Y él me contestó: ‘Claro, porque tú eres el encargado de eso’. Ahí entendí que me tocaba a mí, que ese era mi rol. Tuve que prepararme muchísimo, porque me preguntaban hasta por las cámaras. Así es que, para mí, fue una llegada abrupta: un día no lo era, y al día siguiente sí. Afortunadamente tuve tiempo para estudiarlo, formarme y adaptarme, y lo sigo haciendo hasta ahora. Y, de alguna manera, ya me acostumbré a trabajar así y a no soltar ese control creativo del proyecto”.
La conversación concluyó con los ejecutivos destacando sus futuros proyectos y acuerdos. Padrón señaló el convenio por tres años que concretó con Banijay en junio. Este acuerdo tiene como fin, “generar una cantidad de contenido premium para Latinoamérica, España y Estados Unidos”, dijo el ejecutivo. “La idea es aportar a eso: generar contenido que viaje, contenido diferenciador. Y se da una sinergia, estamos sumando misiones, criterios y estilos. Me convocaron, y así surgió Leo Padrón Productions. Allí estoy acompañando el desarrollo de varios proyectos, generando algunas ideas propias y asesorando otros guiones que están en proceso. Así que vienen muchas cosas por ahí”.
Valenzuela agregó: Tengo desde hace cinco años una casa productora, Malule, con la cual coprodujimos Donde hubo fuego, Las hermanas Guerra, entre otros proyectos. En este momento estoy por terminar el capítulo final de una serie para España, ya escribí ese capítulo y estoy ajustando los detalles finales. También estoy en el capítulo dos de una nueva serie para Netflix y desarrollando, como mencionaba, el capítulo dos de una serie para Francia. Son proyectos muy entretenidos”.
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