Esta columna celebra los 20 años de la contribución de Anna Carugati a World Screen. Pero un día en todos esos años sobresale por encima de los demás.
Recordaré ese día, en septiembre de 2000, por el resto de mi vida. Fue el peor día en mi carrera profesional. Pensé no podría lograrlo. Pero lo hice, gracias a Anna.
Todo comenzó cuando mi entonces editor de siete años vino a mi oficina unas semanas antes de que enviáramos a imprenta la edición de MIPCOM. Era un tiempo estresante, aún y si todas las cosas estaban perfectamente de acuerdo al plan. Mi editor se sentó y me dijo nerviosamente que un gran conglomerado lo estaba contratando para trabajar en varias revistas que competían con nosotros.
Este grupo editorial tenía un plan, y el plan era aniquilarnos. Comenzó un par de años antes, cuando ellos crearon varios títulos similares a los nuestros, nosotros teníamos TV Europe, ellos lanzaron Television Europe; nosotros teníamos TV Latina, ellos lanzaron Television Latin America. Ellos enviaban a varias personas a los
mercados, construían stands extravagantes, y tenían a chicas en patines distribuyendo sus revistas. Fue una demostración formidable de riqueza y poder.
En un momento, cuando estaba extremadamente feliz de finalmente conseguir un ascenso a clase ejecutiva cuando volaba a un mercado, terminé sentado al lado de su director de ventas, que pasó un par de horas detallando su plan de cinco años para conquistar el mundo y tirarnos a un tacho de basura. ¡Me hubiera gustado volver a mi asiento habitual en clase económica!
Realmente ninguna de esta jactancia me asustó. Hasta ese día cuando mi editor vino a mi oficina. Dijo que necesitaba retirarse inmediatamente. En conmoción, le pregunté si podría quedarse por lo menos dos semanas más, ya que estábamos cerrando la edición más grande del año. El dijo que, como condición para su contratación, le exigieron que comenzara su nuevo trabajo como editor del grupo inmediatamente. Recuerdo que le dije, “Sabes que están haciendo esto sólo para matarnos, ¿verdad?” y él dijo, “Sí, lo sé”. Con estas dos últimas palabras, se despidió y se fue.
Completamente aturdido, salí de la oficina y tomé mi tren diario a Long Island. Una hora después que salió, me di cuenta que estaba en el tren equivocado y en un vecindario muy espantoso. ¡Ese era mi estado de ánimo! Me bajé, traté de verme como un hombre fuerte, e inmediatamente tomé el próximo tren de regreso a Penn Station.
Anna empezó primero a escribir para nosotros en 1993, como una reportera independiente basada en Italia. Unos años más tarde se convirtió en miembro a tiempo completo del equipo editorial.
En septiembre de 2000, Anna había sido mi esposa por un poco más de dos años. Teníamos una hija, Alessia, que apenas tenía un año de edad. Cuando Anna estaba embarazada de Alessia, el acuerdo que hice con ella fue que iba a trabajar desde la casa y ayudar a nuestro editor con lo mejor de su capacidad, pero cuidar de nuestra pequeña hija iba ser su responsabilidad primordial.
Nuestra vidas cambiaron por completo cuando por fin llegué a casa muy tarde esa noche, después de haber pasado algunos momento difíciles en la plataforma de tren equivocado.
A medida que le explicaba lo que había pasado, podía ver en sus ojos: Los cambios que ella sabía que eran necesarios hacer iban a ser bastante devastador para ella.
Pero Anna no pestañeó. Inmediatamente tomó las responsabilidades del editor, lo que causó un trastorno en su vida. Ahora tenía que viajar por horas cada día y dejar a nuestra hija con una niñera. Fue un momento personal muy difícil, y ella hizo un gran sacrificio para ayudar a esta empresa a mantenerse a flote.
No sólo World Screen se mantuvo a flote, floreció exponencialmente. Más que nunca, estábamos decididos a demostrar que una compañía independiente que es apasionada en su búsqueda de excelencia no terminaría atropellada por un conglomerado.
Por supuesto, nuestro crecimiento excepcional impreso y online ha sido el trabajo del equipo editorial completo, incluyendo a la incansable y multifacética (se nos acabaron los títulos para definir sus contribuciones) Mansha Daswani, quien recientemente celebró su propio hito: Su décimo año en World Screen.
Mientras tanto, a medida que pasaban los años, ese conglomerado se disipó lentamente, y nuestro ex editor tuvo que estar presente a medida que un ejecutivo tras otro era despedido, hasta que finalmente fue su turno. Eventualmente él trabajó con nosotros de nuevo como un escritor independiente. Tomó algún tiempo, pero lo superamos.
Anna mejoró enormemente lo que se le había entregado, ayudando a hacer de esto el grupo editorial más importante en la industria. A través de los años, ha entrevistado a todos los ejecutivos más importantes de la industria de medios. Ella marcó la pauta para la información precisa y ambiciosa, que es abrumadoramente evidente en esta edición de octubre, la edición más grande y más impactante en nuestros 28 años.
Pero más que nada, ella me salvó el trasero en ese día miserable cuando sentí que no iba a lograrlo. Como dice Nietzsche, lo que no te mata te hace más fuerte. ¡Y de seguro ayuda tener a Anna como tu pareja!
TV LATINA