Sí, es cierto. A mí también me iba dando un infarto la primera vez que escuché esta frase. Éramos los últimos por salir de una exhibición de fotografía cuando se presentó una compañía de servicios de limpieza y el encargado ordenó enfático la instrucción que, por suerte, no tuvo que repetir. Minutos más tarde, el escuadrón se dispondría a la tarea de aspirar la alfombra del local.
Aún cuando mi naturaleza me ha beneficiado con un gran sentido de aceptación, hay cosas que realmente espantan, sobre todo si se es sensible a la belleza del idioma español. Pero como toda evolución, supongo que no me quedará más remedio que acostumbrarme a la jerga cotidiana de una ciudad “babélica” como lo es Nueva York. Porque al fin y al cabo, como dirían algunos de mis mejores amigos, lo que importa es que la gente se entienda y se comunique.
Así, me gustaría compartir algunos de los momentos más difíciles en esta nueva etapa educativa. La cobertura de la antesala de eventos como los Grammy, los Globos de Oro o los Premios de la Academia, se deshizo de la alfombra para darle paso a la carpeta roja. El “me vuelves a llamar” se transformó en “llámame pa’tras”; ya no se lava la ropa sino se hace el “londri”, y también se hacen el pelo, las uñas y los platos en lugar de ir a la peluquería, arreglarse las uñas o lavar los platos. La porción de pizza es un slice y se se toma el subway en lugar del subterráneo.
Pero no hay educación completa si no se practica a diario. Alerta ante la posibilidad de cometer errores, una vez superada la primera etapa de instrucción, decidí activar el corrector automático para el idioma español en la computadora del trabajo. Un nuevo mundo se abrió ante mis ojos. Cada vez que escribía sénior, se transformaba en señor. Y al final esta opción no era tan grave. Lo bueno ocurrió después. Telemundo pasaba a ser Telemando; Paris Hilton era bautizada como Paris Milton; y términos novedosos en el mercado como la tienda de música y videos iTunes adoptaba el nombre de Atunes. Incluso, esta herramienta casi le costó a un colega su credibilidad cuando el corrector anónimo confundió la palabra influyente por infantil, cuando quería referirse al peso que tenía su revista en el mercado.
Mi afán por mantener el idioma lo más puro posible, tanto en mi vida cotidiana como laboral, ha perdido algunas batallas. Especialmente cuando se vive en Nueva York y se trabaja en un medio tan dinámico como la televisión en el que, sin importar cuál sea el país de origen, es preciso utilizar ciertos vocablos comunes si se quiere uno hacer entender. Es por esta razón que decidimos dejar las comillas a un lado cada vez que nos referimos a la audiencia objetivo o target; a los programas de acción en vivo, entiéndase live action; o a los videos en tiempo real, mejor conocidos como video stream. Junto a éstos encontrarán términos ya familiares como tweens, online y licensing.
Otra derrota anunciada se avecina con el potencial del U.S. Hispanic que ha generado canales bilingües, o debiera decir híbridos. En ellos, existen programas como The Chicas Project, Latination, valiosos ejercicios creativos como Have you Cine e incluso nuevas acepciones como 2RSLVJ, léase “tú eres el vi yei”.
por María Teresa Alvarado, editora
TV LATINA