Septiembre
2005
Por Valerio
Fuenzalida, director diplomado en estudios de audiencia en el Instituto
de Estudios Mediales, Universidad Católica de Chile.
Llevo
más o menos 35 años trabajando en casi todos los ámbitos de este complejo medio
que es la televisión. Y es con base en esta experiencia que voy hablar acerca
de los cambios que están ocurriendo en la relación televisión/audiencias, y específicamente,
audiencias infantiles.
En
primer lugar, aparece un creciente desplazamiento de la audiencia infantil
latinoamericana, desde la televisión abierta hacia los canales de cable. IBOPE
Media señala que los canales para niños, como Cartoon Network, Nickelodeon,
Discovery Kids, Jetix, Disney Channel, ocupan los primeros lugares en el cable.
Según estudios cualitativos de recepción, los niños se reconocen como los
destinatarios de esos canales infantiles del cable, especialmente diseñados
para ellos, con una continuidad especial en voces e imágenes, y que transmiten
las 24 horas para ellos. Mientras en la televisión abierta existen algunos
programas para niños, en el cable hay canales para niños. Ellos están
construyendo la percepción en sus mentes y afectos que el “nicho de la
televisión infantil” está en el cable. El desplazamiento de las audiencias
infantiles a canales infantiles de cable, está generando un nuevo desafío; la
vieja idea de tener barras de programación a las diez u once de la mañana, y
entre cuatro y seis de la tarde, es una manera de programar que hoy día no
responde a los cambios infantiles. Una buena programación infantil no es
sinónimo de exigirle a los canales una barra infantil de tal a tal hora… En
respuesta a este nuevo tipo de realidad se están creando canales de televisión
para niños; en Alemania, la televisión pública ofrece el Kinder Canal, y el
canal privado RTL Súper; BBC, en su oferta digital, tiene canales segmentados
para niños pequeños y más grandes; el canal privado británico ITV pondrá en
televisión abierta una señal infantil. France Télévisions también está
diseñando un canal dedicado a los niños.
En
segundo lugar, la manera de hacer programas de televisión para niños, también
está cambiando. Hay un agotamiento del
esquema donde un adulto era encargado de conducir el programa televisivo
infantil. Este modelo fue tomado de la escuela: el profesor adulto que enseña
al niño, que aprende pasivamente de la sabiduría del adulto. En los programas
televisivos realizados con este esquema escolar, el conductor-adulto era
representado como "el profesor" o el "tío/tía". Los nuevos
programas muestran a niños en un rol activo y protagónico, emprendiendo
actividades y tareas en donde se exhibe como capaz de iniciativa creativa y de
resolución inteligente de problemas; la serie Bob el constructor es emblemática de estos
cambios. El concepto de lo educativo en televisión se ha disociado, entonces, de los contenidos cognitivos de la educación escolar y está asumiendo
más bien el desarrollo – a través de la identificación con los personajes
infantiles televisivos – de aspectos afectivos como la autoestima y la
autoconfianza en sus propias capacidades. En el texto televisivo aparecen
personajes protagonistas infantiles que permiten la identificación emocional
del niño y el reconocimiento de sus habilidades, que ayudan a aliviar sus
frustraciones y a fortalecer su autoestima, en tanto capacidades necesarias
para vivir en el mundo real.
Crecientemente
existen productoras externas a los canales, que se dedican especializadamente a
producir programas para niños. Muchos programas con alta sintonía infantil
ofrecen paquetes multimediales adicionales a la pantalla. Los paquetes
multimediales (libros, folletos, VHS, DVD, páginas de Internet, juguetes,
música, etc.) crean una importante relación con la audiencia infantil; la
multimedialidad atrae, porque se
basa teóricamente en la etapa de manipulación concreta en el desarrollo de la
inteligencia infantil, según Piaget.
Finalmente,
la creencia que los niños ven solo programas infantiles es equivocada. Sabemos
con mucha documentación de diversos países que ven toda clase de programas; un
70 por ciento o 75 por ciento del consumo infantil de televisión abierta, son
programas para la familia o adultos. El hogar y la escuela tienen que asumir la
realidad del visionado infantil de programas que no han sido realizados para
los niños. Esto plantea el desarrollo de herramientas para facilitar a padres y
profesores el diálogo acerca de los programas que ven los niños; instrumentos
para incentivar la expresión de puntos de vista y la conversación familiar
sobre valores; es decir, ayudar a profesores y padres a manejar mejor los
programas que ven los hijos-alumnos, superando la costumbre de separar
entretención y formación, y ayudando a elaborar el visionado infantil de
material para adultos.
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