por
Natalie Jaspar
Se dice
que todas las novelas se basan en tres conceptos fundamentales: amor, venganza
y ambición. La forma de expresarlos en pantalla, sin embargo, ha
cambiado radicalmente durante las últimas dos décadas, afectando
desde la historia, el ritmo y la actuación hasta la locación,
dirección y edición. Y no hay mejor testigo de esta
evolución que el productor de la novela quien, balanceando las labores
de gerente, psiquiatra y visionario, logra que de esas emociones abstractas
resulte un producto concreto.
Son
varios los catalizadores que han contribuido al cambio en la estructura y la
apariencia de la novela. Uno de ellos es la tecnología, con su impacto
en el equipo que se usa, los recursos de edición y, muy importante, las
mediciones de audiencia. Otros son la sofisticación de la audiencia y la
creciente competencia. La gente que mira telenovelas “se ha convertido en
un público experto”, asegura Salvador Mejía, director de
telenovelas, comerciales y productor de Televisa. “Esto ya no nos permite
colocar situaciones fortuitas, que no tengan congruencia alguna. La
producción [también] exige más y el casting tiene que ser de primera
categoría”. Mejía, que se inició en el mundo de las
novelas en la década de los 80 como “el asistente del asistente”,
es el productor de éxitos como Esmeralda y La usurpadora.
A la
sofisticación de la audiencia se suma la competencia. “Hay gran
competitividad… y ahora hay 200 ofertas [de canales] donde antes
había dos”, dice Mejía. “Antes si tenías un
buen final para cada capítulo, tu novela era exitosa. Ahora, cada escena
tiene que tener impacto o el público cambia de canal de inmediato. El
zapeo es el peor enemigo de todos”.
Minuto a minuto
Un
factor que ha incrementado los niveles de presión en la producción
de este género ha sido el de las mediciones de audiencia. “Antes
se hacía eventualmente, con encuestas puerta a puerta”, recuerda
José Simón Escalona, VP de producción de dramáticos
de RCTV, en Venezuela. “Hoy en día, minuto a minuto [tienes]
información de lo que sucede… Tienes información tan al
segundo y tan clara sobre la telenovela que estás haciendo que [se
convierte en una gran] herramienta para introducir nuevos elementos, satisfacer
al público y saber qué le gusta”. Escalona ha estado
involucrado en la producción de novelas por unos 27 años.
Las
mediciones y estudios de audiencia también justifican a los productores
ante críticos que anhelan la vuelta de las escenas largas, donde se
desarrollaba el melodrama y se sembraban los personajes. Mejía, de
Televisa, conservó muchos de los diálogos originales escritos por
Delia Fiallo para la producción de la novela Mariana de la noche. “A la semana siguiente,
en el focus group, nos pidieron que no fuera tan romántico, tan
[lento]… Tal vez se tienen que sembrar los personajes, pero ya no hay
tiempo”.
La
aceleración del ritmo, la búsqueda de mayor impacto y los
adelantos en la tecnología han “enriquecido mucho la parte visual
y eso hace que se pierda un poco la parte actoral”, explica Raúl
Lecouna, presidente de Central Park Productions en Argentina, quien ha
producido más de 40 novelas, incluyendo éxitos como Celeste y
Muñeca brava.
“Los tiempos reales de ahora son irreales… Tienes que agilizar la
secuencia en televisión o se duerme la gente”.
Algo
que, ciertamente, Lecouna evita en su producción más reciente, El
heredero,
transmitida por Telefe en Argentina. Esta es una telenovela clásica pero
grabada con una estética de cine en locaciones como Salta e Italia.
La
aceleración del ritmo se ha traducido en un cambio radical en la
estructura narrativa de la novela. “Antes, en una hora de
televisión, hacíamos 20 escenas y eso era prácticamente
una cosa muy difícil. Hoy, una hora de telenovela lleva 40
escenas”, explica Escalona. “Anteriormente, la telenovela se
concentraba en la historia de amor, eran muy pocas las subtramas”.
En
muchos casos, las subtramas han hecho posible —además de acelerar
el ritmo— introducir personajes que añaden elementos de humor o
misterio, permitiendo así que muchos de los protagonistas de la historia
de amor principal sigan ajustándose a arquetipos tradicionales.
Sin
embargo, la evolución de la audiencia y el crecimiento de la oferta de
telenovelas también ha influenciado el estilo y la temática de la
narrativa y, en muchos casos, el éxito de una novela se ha basado en un
juego lúdico con estos arquetipos. Perfecto ejemplo fue Betty la fea, novela producida por RCN,
donde la protagonista no era físicamente atractiva.
La fórmula clave
En
Venezuela, RCTV produce unas 700 horas de contenido dramático al
año, por lo que buscar variedad a nivel de temáticas se ha
convertido en una prioridad. En la actualidad, por ejemplo, están
produciendo novelas como Micel, mujer con pantalones, la historia de una mujer que
trata de imponerse en el mundo profesional; y Estrambótica Anastasia, que pretende entrelazar
características como romance, misterio y humor, y es una obra del mismo
escritor de Angélica pecado y La mujer de Judas. “Los dueños de
este canal son personas muy abiertas al experimento”, dice Escalona.
“No tienen el empeño en que las cosas se hagan de una sola manera
y tienen una gran confianza en todo el tren ejecutivo”.
Por su
parte, Juan Andrés Rodríguez, director de producción de
Venevision International (VVI), señala que “la telenovela
tiene… una fórmula de consumo masivo, como un McDonald’s,
[pero ésta] se ha diversificado”. La empresa produce novelas
“rosa”, novelas costumbristas o con humor. Cosita rica, por ejemplo, es una novela
dirigida al mercado venezolano, con ciertos giros idiomáticos locales,
pero incluidos de forma tal que no afecte su atractivo internacional. “Es
una novela muy local… con palabras como pana, burda y
chévere”. Mientras tanto, Amor del bueno, actualmente en producción,
es una novela con un ángulo más internacional. Su español
es más neutro, su temática más universal y su casting
más internacional.
Sin
embargo, según Gerardo Zurita, productor ejecutivo de novelas como El
candidato, Enamórate y Súbete a mi moto para Azteca Novelas, la inercia de vez en
cuando se deja sentir. A veces, “la gente con más tiempo suele
anquilosarse, no quieren probar nada, quieren todo muy sencillo”, opina.
“Yo pienso que hay que renovarse o morir. Tratar cada proyecto como si
fuera el primero, abrir fronteras”.
Esta actitud
de TV Azteca no es sorprendente. En sus inicios, la empresa tuvo que tratar de
posicionar sus novelas en un ambiente en el que hasta ese momento reinaba la
hegemonía de los dramas producidos por Televisa. La fórmula
escogida fue tramas atrevidas y, en cierto modo, experimentales.
“Prometimos ser la opción, la diferencia”, dice Zurita.
“Nos toca hacer proyectos más difíciles que los
demás. Ese reto tiene los dos filos de la navaja: puede irte muy bien, o
muy mal; pero el riesgo lo hace interesante”.
Según
Epigmenio Ibarra, director general de Argos Comunicación, empresa que
colaboró con TV Azteca en sus primeras producciones dramáticas,
la competencia permitió que el mercado mexicano se abriera a nuevas
tendencias en cuanto a temas y estilos. “No fuimos los pioneros, nos
sumamos a la ola registrada en Colombia, Venezuela y Brasil que, en
México, no había penetrado [por la estructura] del
mercado”, explica Ibarra. Para ello, la empresa trajo talentos como
José Ignacio Cabrujas y María Auxiliadora Barrios. Primero
“importamos talento, luego robamos talento de Televisa y luego formamos
talento”.
Actualmente,
Argos coproduce novelas con Telemundo, en los Estados Unidos, lo cual le ha
hecho abrir sus horizontes temáticos aún más.
“Tenemos mucho que aprender de Telemundo y del público hispano; y
Telemundo tiene que [familiarizarse más con] México”, dice
Ibarra. Actualmente Argos está en la producción de El alma
herida y de Gitana para la cadena hispana.
Para
Patricio Wills, presidente de Telemundo-RTI, asociación de Telemundo y
la productora colombiana RTI, una de las diferencias más notables
actualmente en términos de temática es la globalización.
“El tema de una novela ya no es de un país, ni de otro, ahora son
temas latinoamericanos o, de hecho, hispanos, ya que estamos haciendo novelas
para el público hispano de los Estados Unidos basándonos en
experiencias desarrolladas en Latinoamérica… Hay quienes critican
la universalización de las novelas diciendo que acaba con los valores
independientes, como los de la telenovela colombiana, pero yo pienso que esto
le ha sumado valores gigantescos”.
Un buen
ejemplo de la “universalización” de las novelas es una de
las producciones más recientes de Telemundo-RTI Productions: Pasión
de gavilanes.
“Es una gran historia que hicimos hace 10 años en Colombia”,
señala Wills. “Era una historia local, de época, que
sucedía en Bogotá…. pero le dimos un viraje para [hacerla
más] universal: situamos la historia en un lugar que no existe como ya
lo habíamos hecho con Amantes del desierto. Y así surgió la
inspiración de lo que hemos bautizado como una novela tradicional
instalada en el mundo Marlboro”.
Para
Rodríguez, de VVI, más que cortar la dependencia en visuales
identificables, una de las prioridades para que una novela funcione cada vez
mejor tanto en el mercado hispano como en el resto de América latina es
la búsqueda de un lenguaje cada vez más neutro. “Lo que
antes justificábamos como una necesidad de mercado, ahora se ha vuelto
[una prioridad]. El mercado hispano es una comunidad tan compleja y
heterogénea que al final tenemos que ir aplanando los tonos de los
lenguajes. Hacia allá se está dirigiendo la televisión
hispana: un lenguaje más aceptado, más neutro”.
Presiones presupuestarias
Wills,
de Telemundo-RTI, quien ha estado involucrado en la producción de
novelas desde que se integró a RTI en Colombia en 1978, considera que la
universalización del género no sólo no es un hecho
negativo sino que, al contrario, le ha añadido valores gigantescos a su
producción. “Hoy tenemos presupuestos grandes para las telenovelas
y el número de novelas que se produce es infinitamente mayor que antes.
Compañías como Telemundo —para la que produzco de siete a
ocho novelas por año— se han sumado a Televisa y Globo. Es una
industria que mueve mucho dinero y mucho talento. Es un renglón que se
volvió muy importante”.
Ibarra,
no duda de que la competencia y mejores presupuestos han llevado a una mayor
calidad de producción, una de sus metas desde que se involucró en
la realización de novelas. “Por qué entregarle a nuestra
gente televisión de baja calidad si podemos hacer televisión de
alta calidad”, exclama. “Por qué, cuando un personaje cierra
una puerta, la escenografía se tambalea y casi se cae, por qué la
luz no cumple su función, y por qué los actores eran unos
maniquíes sujetos a la voz de los apuntadores que les dictaban
movimientos, intenciones y diálogos. Nuestra meta [siempre fue] hacer
novelas más contemporáneas. La televisión es un agujero
para escapar de la realidad y un espejo para verse a uno mismo”.
Si bien
los presupuestos se han incrementado notablemente, así como la calidad
de la producción, el entorno competitivo sigue poniendo
obstáculos al proceso de tratar de hacer realidad los productos de la
imaginación. “Colombia y Venezuela han, de alguna manera,
destronado a México como el gran productor de novelas, no sólo
por sus libretos, sino por sus costos de producción que representan un
reto brutal”, explica Ibarra. Por ello, “trabajar para Telemundo no
quiere decir que los presupuestos se van para el cielo”. Al contrario,
Argos debe concentrarse en que cada día se refleje mayor calidad en
pantalla. “Somos ambiciosos, y nuestras producciones tienen valores de
producción no muy usuales en el mercado, como se ve a simple vista [en
novelas como] Ladrón de corazones. Cada peso se invierte en la
pantalla”.
La
presión financiera es aún más palpable en Argentina, donde
muchas de las producciones son llevadas a cabo por empresas independientes.
“Las grandes cadenas amortizan las novelas cuando salen por su canal,
pero nosotros tenemos que salir a cubrir y ganar algo”, destaca Lecouna,
de Central Park, quien advierte que este proceso se puede llevar de dos a tres
años. “El mayor reto es tener un éxito. Creo que cada
productor, cada vez que inicia un proyecto, tiene la ambición de que no
sea un fracaso. Para eso hay que tener buenos actores, buena producción
y tiempo, lo que hace que las telenovelas sean costosas. Si la novela funciona,
uno por lo menos sale empatado. Cuando no funciona, es un riesgo para la
empresa, y más aún para la empresa de producción
independiente”.
En
México, cuna de grandes producciones, los presupuestos también se
evalúan bajo lupa. “Yo empecé con presupuestos holgados,
donde podías “despilfarrar si quieres llamarlo así”,
recuerda Mejía, de Televisa. “[Pero nos hemos] adaptado a la nueva
Televisa, una empresa que luchó una gran batalla porque debía
unos $1.600 millones, pero que, por fortuna, ha podido vencer”. Mejía,
sin embargo, señala que una de las grandes ventajas de la empresa es su
confianza en sus productores. “Nos han apoyado todo el tiempo. Al
productor le dan 100 por ciento de libertad. Somos totalmente responsables del
producto y ese voto de confianza no tiene precio”.
Si bien
los presupuestos no son ilimitados, no hay duda de que el ingenio no tiene
límites. Esto, sumado a la experiencia de los productores, permite que
cada proyecto se beneficie lo más posible del financiamiento a su
disposición. “La experiencia te deja ver cómo hacer que la
producción se mueva más rápido, sin mermar el resultado
del contenido y la calidad en pantalla”, afirma Zurita, de TV Azteca.
Una
buena táctica es el contacto constante con los escritores, para dirigir
un poco las historias a mundos más realizables o simplemente para
recordarles que eviten escenas en exteriores que ocurran una vez que haya
caído la noche. Según Zurita, grabar de noche “nos complica
a todos: trastoca los llamados de producción, los actores están
cansados y, cuando tienes negro en negro, es muy difícil vender una
imagen. Para el melodrama, son importantes la luz y los colores.
Básicamente, nuestras historias están contadas a la luz del
sol”.
“Un
escritor excelente, encerrado en un cuarto, puede contar una historia maravillosa
pero [a veces] imposible de realizar. El oficio te lleva a buscar tramas
más prácticas”, agrega Zurita, quien en este momento
está en medio de la producción de La heredera, una novela protagonizada por
Silvia Navarro y Sergio Basañez.
Esta
experiencia de los productores, que les permite estar preparados para casi
cualquier ocurrencia, seguramente seguirá apoyándolos en la
contínua evolución de la novela. No hay duda de que hechos como
la participación reciente de los grandes estudios de Hollywood en la
producción del género, acelerará aún más
este proceso. “Los grandes jugadores en otros idiomas están
encontrando en este formato valores que pueden resultar en nuevas audiencias
para ellos”, confirma Wills, de Telemundo-RTI. “Si esto ocurre
realmente se dará un avance muy importante, que dará a la
industria otro alcance y otras dimensiones”.
Mayo
de 2004
@2004
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