24 de June de 2026
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La cultura del despecho

Una de las cosas que más extraño de la vida en América latina (además de la comida, la gente, las playas y más de un ciento de otras cosas) es el derecho al ‘despecho’. Cuando se está ‘despechado’, tiene uno toda la libertad —por un periodo de tiempo determinado— para llorar, gritar improperios, tomar mucho más de la cuenta, oír boleros toda la noche y, sobre todo, para culpar de los padecimientos propios a los demás, a la vida o al destino.

En los Estados Unidos, sin embargo, este estado de 'despecho' es algo impensable. La culpa siempre es de uno. Uno debe ser fuerte, corregir sus errores y sonreír ante los desafíos que se le presentan. Para ello, uno puede apoyarse en la fuerza interna, la religión, los libros de auto-ayuda o, en caso de debilidad extrema, pastillas antidepresivas.

Últimamente he observado que la forma como asumimos el despecho —los latinos ahogándonos en alcohol y escuchando ‘Dos gardenias’, mientras los estadounidenses mastican Prozac y leen ‘Cómo convertirse en un ganador en diez pasos fáciles’— representa en realidad una de las grandes diferencias entre ambas culturas.

En América latina, si no tenemos pareja es porque todos los miembros del sexo opuesto son un asco, nadie nos comprende o simplemente no saben de lo que se están perdiendo. En los Estados Unidos, es porque la persona no ha leído o aplicado métodos como The Rules.

Si un latinoamericano no hace bien su trabajo y es despedido, le achacará la culpa a la envidia del jefe o de los colegas. En la misma situación, un norteamericano casi siempre purgará su sentimiento de culpa asistiendo a una gran cantidad de cursos tan costosos como inútiles. Ni qué decir cuando se trata de temas como la economía y política…

En la industria de la televisión paga latinoamericana, sin duda, pudimos observar en muchos casos actitudes derivadas de la cultura del despecho. Después de todo, tenemos todas las herramientas para justificar las dificultades que atraviesa el negocio en todos los países: las fuertes devaluaciones, los corralitos, la piratería en alza, impuestos elevados, leyes viejas y nuevas, etc., etc. y etc.

No obstante, en una entrevista con Leila Loria, directora superintendente del operador de televisión paga TVA, la ejecutiva comentó —amén de los males que existen y los que están por venir— que parte del problema de la industria brasileña es el modelo sobre el que se construyó, y, específicamente, el concepto de que cada operador pudiera tener un número de canales en exclusiva, una estrategia que el mercado no podía sostener financieramente.

Esta observación sumamente refrescante indica que la industria, además de lidiar con presiones exteriores, está analizándose también desde adentro para corregir fallas en sus fundamentos. Porque no hay duda que los operadores argentinos, por ejemplo, están haciendo malabarismos para seguir adelante a pesar de sus enormes deudas; pero también hay que recordar que muchas de esas deudas no se originaron por inversiones en mejorar o digitalizar las redes, sino en adquisiciones de otros sistemas a precios que, en opinión de muchos, eran inadecuados para la realidad del mercado.

Nuestra industria cada día parece estar más clara a la hora de actuar. En México, por ejemplo, los operadores respondieron sin pérdida de tiempo a la imposición de impuestos adicionales que les causaron pérdidas significativas, y en julio de este año lograron que el IEPS fuera revocado.

En Venezuela, por ahora, no queda más que aceptar que a veces la culpa es ajena, de la vida o del destino.

En nuestro artículo principal, ejecutivos de algunas de los operadores de televisión paga más importantes de América latina analizan cómo han sido afectados por nuevas leyes o problemas económicos, cuáles han sido algunas de las fallas propias, y cuáles son sus planes para continuar la evolución de su negocio, principalmente ante el establecimiento paulatino de la televisión digital.

Otro de nuestros artículos se concentra en el mercado de la televisión paga brasileña, donde los jugadores parecen estar sufriendo un dejá vu: la amenaza, como se presentó en años anteriores, de una nueva ley que causaría daños gravísimos a las operaciones de los sistemas. A pesar de esto, muchas de las empresas han decidido jugársela y apostar a medidas innovadoras que podrían resultar en una industria más dinámica y productiva.

En el área de las entrevistas, ésta es una edición muy especial. Comenzamos con una a James McNamara, principal ejecutivo y presidente de Telemundo en los Estados Unidos, quien comenta las tácticas de la cadena para incrementar su participación del mercado y sus planes de producir programas más adaptados a la realidad de los hispanos en los Estados Unidos.

También tenemos entrevistas con Peter Chernin, presidente y COO de News Corp.; Philip Kent, chairman y CEO de Turner Broadcasting System; Anne Sweeney, presidente del ABC Cable Networks Group; Judith McHale, presidente y COO de Discovery Communications; y Andy Kaplan, VP ejecutivo senior de canales internacionales para Sony Pictures International Television.

Por mi parte, tengo una nueva meta en la vida: quiero abrir ‘El despecho’ en Nueva York, un bar donde la gente llegue a tomar, a llorar y a escuchar boleros. El ‘happy hour’ se dedicará a ofrecer a los estadounidenses cursos gratuitos sobre técnicas latinoamericanas de uso común en el proceso de despecho. Entre ellos: ‘Cómo evitar largarse con el que primero que llega cuando uno está muy borracho’, o ‘Cómo cantar desafinado, llorar y beber al mismo tiempo’.

Octubre de 2003

@2003 WSN INC.

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