23 de June de 2026
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La vida horizontal

Cuando tenía 12 años tuve la duda sobre si realmente existían las actrices de pantalla vertical. No tardé mucho en comprobar que se trataba de una broma del papá de mi mejor amiga. Cada vez que se encontraba en una piscina se acercaba al agujero que resguardaba el filtro y, con voz de locutor de radio de los 70, decía a viva voz: “A continuación les presentamos a la única actriz de pantalla vertical de Latinoamérica”. Acto seguido, entraba yo a la pileta en cuestión muerta de la risa.

Por María Teresa Alvarado

Julio de 2007

Y comento lo de mi duda porque, así como las matemáticas, la genética no falla y a mi familia se nos reconocía como un equipo de basquétbol, por no decir de varas para puyar locos. Hoy día, ese recuerdo me dibuja una sonrisa, pero también me lleva a pensar acerca de cómo el concepto de la verticalidad va perdiendo vigencia en la vida cotidiana, en especial dentro de la industria. Y aun cuando existen casos innegables de predominio vertical, vale la pena ensayar un giro en el formato para adaptarse al mundo audiovisual de hoy.

Esta reflexión comienza con la llegada a los hogares de la pantalla horizontal de televisión. Intuyo que esta evolución para ver las imágenes en un nuevo formato tiene sus raíces en la ya legendaria pantalla de cine. No obstante, confieso, que tal modificación me resulta muy sospechosa. No sólo por su imposición sobre la superficie casi cuadrada que distinguió al hecho televisivo del cinematográfico, sino por la insistente manía de reproducir la experiencia de una sala de cine en la comodidad del hogar. En todo caso, y ya en período de prueba avanzado, me dispongo a aceptar esta nueva visualización de contenidos en donde Nicole Richie se me presenta como una jovencita entrada en carnes y el presentador de El gordo y la flaca llega a ocupar más de la mitad de la pantalla.

El predominio actual de la horizontalidad cobra sentido cuando se apaga el televisor y se tiene la oportunidad de viajar a otras latitudes, donde la posibilidad de lo vertical se asoma como una especie de broma inimaginable. Basta nadar a 50 metros de la orilla en el Mar Caribe para encontrarse con un horizonte infinito como telón de fondo y que mi percepción registra como una imagen en Cinemascope, para darse cuenta de que nadie está descubriendo el agua tibia.

Sin embargo, este ejercicio visual se dificulta en una ciudad como Nueva York. La manera que he encontrado para resolverlo es acostarme de medio lado en cualquier parque céntrico de la urbe e imaginarme que los grandes rascacielos yacen como verdaderos gigantes en plena siesta sobre el concreto. También es válido investigar la altura de los actores más cotizados de la industria del entretenimiento que despista hasta al más acucioso espectador. Si bien es cierto que aún no exigen un determinado tamaño para aparecer en televisión, no deja de sorprender el hecho que Tom Cruise, por ejemplo, sea más bajo de lo que uno se imaginaba.

En este nuevo mundo horizontal la vida se me antoja más pacífica y relajada. Cualquier apartamento gozaría con tener vista panorámica; nadie escalaría posiciones, simplemente se desplazarían; no existirían los elevadores sino plataformas móviles; y el paneo en primer plano de la maja desnuda multiplicaría el placer de admirarla.

De manera que a la par del avance de la tecnología, a los involucrados en la industria de la televisión se les presentan nuevos desafíos que no deben desatender. A la realización de un guión con factura de éxito, a la estrategia de mantener la fidelidad de una audiencia cada vez más expuesta a diversas ventanas portátiles de entretenimiento, se le suma ahora el reto de complacerla en formato horizontal. Y no entremos en el tema de producir para las minipantallas; ésa es harina de otro costal.

Mientras cuento las brazadas van acercándome a la orilla pienso en cómo un panorama puede cambiarse, en un dos por tres, por un punto de vista. En este caso, uno que abre nuevos horizontes, como esa delgada línea que delimita el cielo del mar y que voy dejando atrás, cada vez más atrás.

 





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