23 de June de 2026
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Que me agarren confesado

No fue sino hasta un viaje que hice a México hace un par de meses que utilicé, por primera vez, la función de video de mi iPod. Es cierto, conozco bien las posibilidades de este tipo de tecnologías digitales, pero debo confesar que la idea de sentarme a ver algún programa en una pantalla que ocupa la mitad de la palma de mi mano no me sedujo en un principio. Sin embargo, sentado en un avión que pacientemente aguardaba más de dos horas su turno para despegar, tuve la opción de ponerme al corriente con la primera temporada de 30 Rock.

Por Guillermo Chávez

Julio de 2007

Clavado en la minipantalla, aún en la posición más vertical e incómoda de mi asiento, me comí los primeros tres episodios de la serie. Sin poder parar, pasaron varios capítulos más y entrando en la recta final la batería renunció. ¿Será ésta una más de las estrategias de la industria para mantener a la audiencia enganchada?, me pregunté. Tras jugar con la idea por un momento recordé las tantas veces que he escuchado en este negocio que el contenido es lo primero. Y al menos en este caso así lo fue.

Qué tan bueno pueda resultar en una de estas pantallitas un programa diseñado para las dimensiones del televisor sigue siendo tema de debate en esta maratónica industria. Pareciera que no acabamos de entender cómo dominar un medio cuando surgen dos más. Pero más allá de hacer versiones encapsuladas de producciones existentes, la opinión general apunta hacia la realización de contenidos específicamente para las nuevas plataformas.

En todo caso, sin cruzarme entre el huevo y la gallina, me parece que ninguna podría intercambiar la comodidad de mi sofá frente a una pantalla plana de 42 pulgadas y los momentos compartidos que han ocurrido en esta sala. En realidad, mi relación con la televisión ha cambiado poco en los últimos años; lo que nunca pensé fue que la vería desde una perspectiva muy diferente.

Como suele suceder, llegué a esta industria en un momento inesperado. Tras graduarme de la universidad y probar mi suerte en distintos ambientes que no me correspondían, mi visa de trabajo llegaba a su fin. Convencido de que terminaría de regreso en México, un día recibí la invitación de TV Latina. Descubrí entonces lo interesante y demandante del mundo que existe detrás de la pantalla. Y ya ni hablar de los cierres de edición tras edición de una revista de esta estatura.

A lo largo de los últimos dos años he tenido la suerte de poder seguir íntimamente el continuo desenvolvimiento de lo que me permito llamar nuestra industria, los logros y tropiezos de sus protagonistas, y me mantengo fascinado en la búsqueda de lo que aún está por venir. No deja de sorprenderme lo chico que puede ser un mundo tan grande, y a la vez, la cantidad de rincones que esconde. Paso a paso y una por una las imágenes de la pantalla trascienden las posibilidades de sus propias fronteras.

Y así, uno se da cuenta de que puede adivinar los retos que se aproximan y tratar de prepararse para su llegada, pero con frecuencia nos tomarán por sorpresa. Por ello, es para mí un placer poder dirigirme a ustedes desde este espacio de nuestra revista y tener la oportunidad de seguir recorriendo juntos ese camino.





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