NUEVA YORK: Millones de televidentes, algunos proyectan hasta 100 millones sólo en Estados Unidos, estarán sintonizando el debate presidencial esta noche entre Hillary Clinton y Donald Trump.
Mientras que toda la atención está enfocada en lo que está en juego esta noche y en esta elección entre dos candidatos que no podrían ser más diferentes en cuanto a temperamento, tono y experiencia, vale la pena señalar que hoy es el aniversario del primer debate presidencial televisado, el que fue entre John Kennedy y Richard Nixon, que se realizó el 26 de septiembre de 1960.
Con ese debate, y trágicamente con el asesinato y funeral de Kennedy tres años más tarde, la televisión superó a los periódicos como la fuente principal de información para noticias de último minuto. La habilidad sin par que tenía la televisión de transmitir sonido e imagen en vivo atrajo a millones de televidentes y abrió el ámbito político a los votantes que de otra manera nunca hubieran tenido la oportunidad de escuchar a los candidatos: Aquellos que no tenían televisores o que no podían comprar el periódico todos los días. Sí, había radio y jugó un rol más grande en entregar noticias que hoy en día, pero la televisión ofrecía sonido e imagen, lo que los candidatos decían y su apariencia cuando lo decían, o cómo reaccionaban a los comentarios de sus oponentes, lo cual en este caso, marcó la diferencia.
Nadie en el momento pudo haber imaginado el impacto de la televisión en el proceso político. Esa noche en 1960, la gente que sólo escuchó el debate por radio lo consideró un empate entre Kennedy y Nixon, mientras que los televidentes que habían visto el debate en vivo en televisión claramente pensaron que Kennedy ganó. JFK estaba preparado, fue elocuente y simpático, fue “telegénico”, un nuevo término derivado de la televisión. Nixon, sin embargo, estaba sudado, nervioso y se veía muy mal.
En 2010, Ricardo Guise, presidente y publisher de World Screen, y yo tuvimos el gran privilegio de hablar con Don Hewitt, creador y productor ejecutivo de 60 Minutes. Hewitt también fue el productor de ese primer debate histórico televisado. Así describió a los candidatos:
“Jack Kennedy era Cary Grant. Esa noche, entró a la habitación, parecía un estudiante de Harvard, perfectamente vestido, estaba bronceado, estaba en control y parecía dueño del mundo. Nixon tenía una infección por estafilococo. Se veía verde. Se había golpeado la rodilla en el carro. Parecía la muerte. No había competencia”.
“Esa noche, por cierto una noche histórica, teníamos al hombre correcto, pero con motivo equivocado”, continuó Hewitt. “No deberías seleccionar a un Presidente según su apariencia física. Así se debería escoger a Mr. America, pero no a tu Presidente. Pero lo hicimos y obtuvimos al hombre correcto”.
A través de las décadas suelo sentir que el potencial que tiene la televisión de entretener, informar e iluminar muchas veces se ha desperdiciado por la carrera de los ratings, por el deseo de destacar a personas que buscan sus 15 minutos de fama en este mundo liderado por las celebridades y por la búsqueda del comentario lacónico que llame la atención. Sólo hay que mirar la manera en que el debate de esta noche entre Clinton y Trump se está promoviendo por algunos canales: Como una pelea de boxeo o un evento principal de reality televisivo.
Qué lejos está la televisión de sus serios y casi casuales inicios en 1960. Durante nuestra conversación con Hewitt, continuó dando un análisis escalofriante de otro acontecimiento que surgió de ese primer debate del 26 de septiembre.
“¿Sabes qué fue lo malo de esa noche? Fue la primera noche en que los políticos nos miraron en la televisión y dijeron, ‘Esta es la única manera de hacer carrera política’. Y los miramos y dijimos, ‘Esto es un abismo sin fondo de dólares publicitarios’. Desde ese día, nadie puede considerar una carrera política en la democracia más grande del mundo al menos de que tenga dinero para pagar espacios televisivos. Y no puedes conseguir dinero para la televisión al menos de que estés haciendo algo con un activista que no debes estar haciendo. El término “recaudación de fondos” nació esa noche. Nunca había escuchado sobre la recaudación de fondos antes. En la política se llama recaudación de fondos, en los negocios se llama soborno. Estás entregando dinero en un evento de recaudación para hacer que alguien haga lo que tú quieres. La política en Estados Unidos ha sido arruinada por la televisión porque se ha vuelto un juego de dinero. Si no tienes dinero, ni siquiera lo pienses”.
Cuando sintonice el debate esta noche y los próximos dos, espero que el discurso sea civilizado y dignificado como lo fue en 1960, sin los comentarios provocadores o breves sin sentido. Espero escuchar posiciones firmes sobre los temas, propuestas sustanciales para crear empleo, proteger a nuestro país, luchar contra el terrorismo, establecer políticas justas de inmigración, sacar las armas automáticas de las calles, mejorar nuestras escuelas e infraestructura y reformar las leyes de financiación de campañas.
Y espero que la televisión esté a la altura de su potencial, con moderadores que estén a la altura de la desafiante labor de mantener a los candidatos centrados en los temas, y divisiones de noticias que nos proveen con análisis carentes de comentarios parciales.
TV LATINA