Sin explicación alguna cayó en estado de coma. Tras el cristal, la familia y los amigos cercanos con el rostro de lo imposible. Adentro, los tubos, los monitores, los sonidos mecánicos… la ciencia a su favor. Sin aviso alguno, de coma pasó a punto. Un convertible rojo a toda velocidad surca la carretera. Contrariamente a la costumbre de conectar la escena como antesala al accidente, un detalle asomó la posibilidad de que podría tratarse, más bien, de lo que sucedería después.
Si bien gran parte de los contenidos que se exhiben en la televisión actual no requieren mayor esfuerzo por parte de la audiencia para entenderlos, hay que celebrar la presencia de programas que exigen del espectador una postura más activa.
Cuando ví el primer capítulo de Los Soprano, supe que algo muy interesante se estaba tejiendo en la industria de la televisión. Un mafioso de Nueva Jersey que entra en crisis y decide hacer terapia… No sólo fue una ruptura del habitual perfil del hombre fuerte lo que me fascinó, sino el hecho de que la historia no acabase allí; de que se tratase del primer episodio de un relato que acaba de culminar su quinta temporada.
Y es que todo creador tiene el beneficio de jugar con las piezas blancas dispuestas sobre el tablero de ajedrez antes de iniciar una partida. Aún cuando pierda algunos guerreros en la batalla, siempre tiene la ventaja de ser el primero a la hora de armar una estrategia que sorprenda a su adversario, en este caso, el espectador.
La aceptación de una audiencia a ser partícipe activo de este juego ha reclamado de los creadores la elaboración de un plan maestro para mantenerla cautiva. Ya no basta con que los personajes estén más cerca de la realidad que de la ficción, ni que la historia sea original, ni la dirección de arte impecable. La búsqueda por lo impredecible para liderar la batalla se apoya, ahora, en la ruptura lineal del discurso narrativo.
Confieso que la nueva temporada de Six Feet Under me proporciona un reto adicional al del trabajo diario. Porque además, la oportunidad de ver los episodios otra vez está a la orden del día ya que los canales –con ánimo de atraer a nuevos espectadores– programan los capítulos previos semanas antes del inicio del nuevo ciclo y/o, para comodidad del televidente, ofrecen el llamado on demand, para que los vea cuando se le antoje.
Como amante y seguidora de la producción audiovisual, me siento sumamente atraída ante las nuevas propuestas que se exhiben en la pantalla. No sólo por su calidad estética, sino por la solidez y el desparpajo con que los creadores nos echan el cuento. Bueno pero… ¿y ésta no se había muerto? Resulta que la susodicha, luego de hacernos creer que no existía ninguna posibilidad de resucitación, aparece en una escena que al final es producto de un sueño del personaje que la esperaba ansiosamente. Porque antes, el mundo interior de los personajes se expresaba en blanco y negro, con imágenes distorsionadas o sonidos encajonados como si viniesen desde el más allá. Ahora, no hay tiempo ni de servirse un vaso de agua porque, afortunadamente para los espectadores que buscan la sorpresa, perder un detalle hace que lo pierdas casi todo. Y lejos de significar una frustración ante lo incomprendido, este hecho te obliga –como fanático– a visualizar nuevamente el episodio a fin de descifrar las claves que puedan armarte mejor para la próxima partida. Porque al final de eso se trata. Los espectadores queremos la oportunidad de jugar con las piezas blancas y retar a los creadores.
A la calidad de estas series en pantalla se le anexa fascinantes propuestas promocionales que en parte hacen recordar los comerciales de Cartoon Network, cuyo estilo podía fácilmente reunir a Batman y Johnny Bravo en la sala de Los Supersónicos.
La pieza promocional de las producciones originales de HBO, por ejemplo, involucra a todos los personajes de las series quienes desde sus propios escenarios interactúan de tal manera que al final parece un sólo producto. Así, la psicóloga de Tony Soprano bien puede ser Ruth Fisher, o la víctima de Deadwood podría aparecer encerrada en la maleta del auto de Larry David.
En esta edición de TV Latina les ofrecemos un reportaje especial acerca de cómo los canales líderes de la televisión paga en Latinoamérica despliegan sus estrategias para mantener a una audiencia, cada vez con mayor control en sus decisiones, frente a la pantalla. También Diego Lerner, presidente de The Walt Disney Company Latin America comparte con nosotros el éxito que ha significado para la señal cambiar su condición de canal premium al sumarse a los paquetes básicos que ofrecen los diferentes operadores de cable y satélite en América latina.
A pocos momentos de comenzar la nueva temporada de la familia que maneja la funeraria, trazo mi propia estrategia esperando adivinar la próxima jugada de estos creadores. De pronto escucho que alguien toca a mi puerta. Acto seguido estoy nadando en las cristalinas aguas del archipiélago Los Roques, al norte de Venezuela. ¿Será un flashback o una premonición? En todo caso, no quiero saberlo. Me quedaré un rato en esta suerte de limbo en donde la ficción se confunde cada vez más con la realidad. ¿O es al contrario?
TV LATINA