Gilberto
Gil
Ministro
de Cultura de Brasil
Por María Teresa Alvarado
TV
Latina Semanal, 28 de octubre de 2005
Primero
vino el ‘bossa nova’, luego las canciones de protesta política y activismo
social junto a Caetano Veloso. De ahí en adelante la vida de Gilberto Gil
ocurriría entre la música, los conciertos y la creación; y la conciencia
ambiental y humanitaria. Por un lado, fue uno de los responsables de
Tropicália, un nuevo sonido en la música brasilera que se inspiraba en Jimi
Hendrix y Chuck Berry mezclado con ‘bossa nova’. Por el otro, fue miembro de
varias asociaciones en defensa del ambiente en su ciudad natal Salvador de
Bahía incluyendo la creación de la Fundación Onda Azul. Al mismo tiempo,
continuaba con sus producciones discográficas y era tema principal en
documentales, películas y publicaciones. En 2003, Gilberto Gil comenzó a llevar
el ritmo de la cultura brasilera al ser designado por el presidente Lula Da
Silva, Ministro de Cultura de su país. “En verdad no considero que haya migrado
al mundo político”, dice Gil al preguntarle cómo fue la transición del artista
al político. “Lo que me sucedió fue una migración en el mundo de la gestión
pública, pero que tiene implicaciones en la vida política porque es del
gobierno, se relaciona con el congreso, se relaciona con sectores importantes
de la sociedad desde el punto de vista política e incluso el espacio político
dentro del mismo gobierno”.
Hasta
diciembre se celebra el Año de Brasil en Francia, una magna manifestación
multicultural. Entre los eventos programados en el marco de esta actividad
mencionamos dos que describen perfectamente al Gil artista y ministro: el concierto realizado en
la Plaza de la Bastilla donde compartió escena con otros grandes de la música
brasilera y la conferencia Brazil Keynote and Country Spotlight efectuada durante MIPCOM, con
un panel conformado por director general de Globo TV International, Ricardo
Scalamandré, el director general de Rede Record, Alexandre Raposo y el propio
Gil.
“Creamos
la secretaría audiovisual en el Ministerio de Cultura la cual está encargada de
centralizar el sector”, dice Gil. “[En esta división] se creó una serie de
programas y de incentivos a la producción de documentales, de cortometrajes y
algunos largometrajes experimentales, de lenguaje y de desarrollo del lenguaje;
también apoya extensivamente los 90 festivales que existen en Brasil”. Explica
Gil que la secretaría abrigó a la Agencia Nacional de Cinematografía (Ancine)
que trabaja ahora en mejor sintonía con las políticas del ministerio de cultura
en lo que respecta al funcionamiento del gobierno en relación al cine y al
audiovisual en Brasil. “Estamos trabajando en la elaboración de un marco legal,
un marco regulador en Brasil. [En este sentido] estamos encaminados a la
elaboración de una ley general de comunicaciones y ampliando la función de
Ancine al sector audiovisual a través de un proyecto que será presentado al
congreso”.
En el
escenario internacional, Brasil ha aumentado la exportación de sus producciones
originales sumando a las telenovelas contenidos juveniles e infantiles. Además,
el surgimiento de la producción independiente coloca nuevos jugadores en el
terreno y la posibilidad de coproducir está siempre sobre el tapete. Respecto
al papel que juega el gobierno frente a los productores extranjeros que quieren
filmar en Brasil, Gil opina que se trata de una tarea conjunta del Estado. “Por
ejemplo la ley audiovisual, que es un mecanismo gubernamental al servicio del
sector cinematográfico, prevé en muchos de sus artículos la extensión de un
beneficio de la gerencia fiscal a los realizadores extranjeros de reinvertir
parte de sus ganancias para operaciones de producción. Eso ya está sucediendo
desde hace tiempo”, dice Gil antes de informar que los productores brasileros
han venido haciendo acuerdos de coproducción con Australia, Alemania, Canadá,
Portugal y China, entre otros.
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