23 de June de 2026
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Mentes brillantes

Por Anna Carugati

¿Quién no se acuerda del personaje de Joan Collins en Dynasty? ¿Quién no se ha preguntado qué motiva a la gente a participar en programas como Big Brother? ¿Quién no se ha reido con Bill Cosby? ¿Quién no ha sucumbido ante el suspenso de series como Law & Order, 24 o CSI, o se ha conmovido con novelas como Cristal y Esmeralda? Parece que por una magia muy particular y no cuantificable, ciertos programas van más allá del mundo del entretenimiento cotidiano y se transforman en eventos, en iconos del medio.

Detrás de ellos, ciertamente, está toda una maquinaria: desde estudios, productoras y cadenas de televisión hasta actores, directores y estilistas. Sin embargo, es un grupo de gente con una mente muy especial quien inicia todo este proceso: los creadores. ¿Qué los inspira? ¿Cómo saben qué será exitoso? ¿Qué les otorga esa capacidad de generar ideas que cautivan al mundo entero, cruzando fronteras culturales, a través de una pantalla de televisión?

Las respuestas a estas preguntas son muy variadas e influye en ellas hasta el hecho de que alguien se niega a viajar en avión, como es el caso del legendario Aaron Spelling, creador de un sin número de series de la popularidad de Starsky and Hutch, Charlie’s Angels, The Love Boat, Dinasty, Beverly Hills, 90210, 7th Heaven, Charmed y Kingpin. “Cuando viajo con mi esposa y mis hijos en tren o en barcos, conocemos a cantidad de gente y hablamos mucho. Yo siempre les estoy preguntando: ‘Qué te gusta en la televisión?’”, dice Spelling. “Te sorprenderían sus respuestas: ‘me gusta esto porque…’, o ‘no me gusta esto porque…’. Ahora hasta me ha dado por correr hacia los autobuses que pasean a los fans cerca de mi casa, para poder hablar con la gente. Francamente, ¡creo que estoy tratando de acumular fans! Son gente muy, muy encantadora, realmente entienden [de televisión]. Es muy divertido hablar con ellos”.

Sudando sangre

Spelling no es el único que aprecia las opiniones de la gente no especializada en televisión que tiene a su alrededor. Para John de Mol, creador de formatos como Big Brother y Fear Factor, la sabiduría no viene con el status. “Hasta cuando hablo con la mujer de limpieza de mi casa, quiero saber: ‘Qué viste ayer, y qué te gustó de ese programa’… Valoro mucho la opinión de mi mujer de limpieza, más que la de otra gente que parece que dice cosas para complacerme. Las mujeres de limpieza [son parte de] la audiencia, y yo quiero saber qué les gusta, y qué no les gusta”.

No obstante, algunas veces, dar a luz una idea concreta, cuyo atractivo salte a la vista, puede llegar a ser un proceso agotador. “Si miras a los grandes éxitos que hemos creado en los últimos 10 o 15 años, a veces han sido el resultado de reuniones a las que llamaría reuniones de sangre, sudor y lágrimas,” explica de Mol. “Son una serie de reuniones con mi equipo creativo. Algunas de estas fueron un fracaso, pero otras no, porque creamos algo bueno”.

Otras veces, sin embargo, de Mol confiesa que algunas ideas simplemente aparecen como por efecto de magia en su cerebro, de un minuto para el otro. “Algunas veces, te viene una idea en 10 segundos y es fantástica. En mi caso, tiene que ver con el hecho que en la parte posterior de mi cabeza está localizada una pequeña computadora que trabaja las 24 horas del día, los siete días de la semana”. No hay mejor ejemplo de ello que Big Brother, cuya idea se le ocurrió en su cama, a las 4 a.m., después de trabajar un día de 20 horas.

Ideas nacidas repentinamente de experiencias acumuladas a través del tiempo o investigaciones sobre ciertos temas, son la base para muchos dramas policiales o detectivescos. Shawn Ryan, por ejemplo, utilizó mucho material que obtuvo cuando patrullaba las calles con la policía de San Francisco para escribir los guiones de Nash Bridges en el desarrollo de The Shield, que fue recientemente galardonada con un Emmy a la mejor serie dramática. “Tenía este montón de cosas acumulándose y estaba interesado en escribir”, dice Ryan. “Me contrataron para escribir un piloto para Fox TV Studios. Soy un fanático de Homicide, NYPD Blue y Law & Order, pero éstos ya llevaban rato en el aire. No había salido nada nuevo que me emocionara en ese momento, así que me dije: ‘Qué tipo de programa policíaco me gustaría ver? Después comencé a imaginarme cómo luciría uno para HBO, sin tomar en cuenta los estándares tradicionales y empecé a escribir en base a algunas escenas de la vida real tomadas de esos recorridos con las patrullas.”

Para Ryan, lo que le brinda ese sabor único a The Shield, es que los buenos no siempre son buenos. “Nuestros personajes habitan un universo moral mucho más gris, y no tenemos la premisa de que los personajes principales tienen que ser heroicos en cada episodio. De hecho, decimos que pueden llegar a ser villanos. Hay gente que se concentra en obtener lo que quiere. Hay una mezcla de bondad y maldad”, dice Ryan. “Lo que ayuda a darle grandeza al programa, es que también tocamos otras facetas, como qué pasa cuando dejamos que el miedo tome las decisiones por nosotros. ¿Cuáles son las consecuencias de esto?”.

El buscar romper las barreras de un género es también lo que ha llevado a la creación de comedias familiares muy originales en el caso de Caryn Mandabach, quien forma parte de un talentoso trío de colaboradores junto a Marcy Carsey y Tom Werner. Mandabach participó en el desarrollo de sitcoms como The Cosby Show, y comenta que el buscar una fórmula que rompiera los esquemas en cuento a comedias familiares fue lo que dio pie para programas como 3rd Rock From the Sun. “Realmente queríamos hacer otro programa familiar, pero no deseábamos que fuera semejante a ninguna otra comedia familiar”, recuerda Mandabach. “El reto era desarrollar una idea de un programa que hablara sobre la condición humana a través de los ojos de una familia—pero estábamos tan aburridos de nuestros programas familiares en ese momento, que teníamos hacer algo diferente… Así que contribuimos la idea de que debería ser un show sobre unos extraterrestres que reflexionan sobre la condición humana”.

Si bien los estándares de programación varían de país en país, la necesidad de innovación es un motivo universal de inspiración para los creadores. En Australia, por ejemplo, uno de las series más exitosas, The Secret Life of Us, surgió por el deseo de John Edwards y de Amanda Higgs, de revolucionar el drama australiano. “Por muchos años, cada nuevo drama encargado en Australia solía fracasar a la hora de conseguir una audiencia a nivel doméstico, o no lograba conseguir suficientes ventas internacionales para cubrir el déficit de producción”, explica Edwards. “Sabíamos que teníamos que romper el molde, y con la entrada del nuevo milenio, hacer una serie sobre la ambigüedad moral”.

“Sentíamos que muchos dramas australianos se basaban en el mundo de los policías, de los doctores o de los abogados y queríamos algo distinto”, agrega por su parte Higgs. “También queríamos hacer algo sobre el tema de ser joven, para una audiencia contemporánea, joven y urbana; un drama que explorara esa necesidad de definir quiénes somos”. El resultado fue un drama que relata las intrincadas relaciones entre jóvenes adultos, que ha logrado un resultado nunca antes visto en la televisión australiana.

Concretando fantasias

Pero no se trata solamente de tener una idea. También hay que saber plasmarla en un concepto que haga viable el desarrollo de una serie. Buffy the Vampire Slayer, por ejemplo, vio la luz en forma de largometraje en 1992. Joss Whedon, quien participó en el guión de la película, tuvo que enfrentarse al reto de transformarla en una serie de televisión. “En el show de televisión, era cuestión de crear todo un conjunto de elementos. Una vez que se me ocurrió el hecho de que las películas de horror para [adolescentes] eran un retrato metafórico de la experiencia en la escuela secundaria, me dije: ‘OK, aquí está la serie, no es sólo una chica matando vampiros cada semana’”.

Para Whedon, el que Buffy pasase a reflejar el sufrimiento que atraviesan muchos chicos en la secundaria, fue lo que le dio un atractivo universal que podía ser desarrollado de temporada a temporada. Ahora que la última temporada de Buffy ya culminó (su cancelación en parte provocada por la profunda depresión y el pesimismo que ostentó su personaje principal por toda una temporada), Whedon sigue trabajando en su serie derivada, Angel.

Es, en cambio, por la posibilidad de desarrollar en profundidad personajes que funcionen durante un periodo de tiempo largo que la televisión ha atraído al exitoso productor de películas Jerry Bruckheimer. Bruckheimer, quien cuenta en su haber largometrajes como Top Gun, Pearl Harbor y Black Hawk Down encuentra que las películas “no te permiten desarrollar los personajes. De hecho, lo primero que suele cortarse en una película es el desarrollo de la personalidad de los personajes. Pero la televisión te da el chance de darle vida a los personajes por más tiempo”.

Quizá sea esta característica, junto a la creciente afición de la audiencia a nivel mundial por los temas de índole forense, lo que haya impulsado el éxito de la serie CSI, y de su derivada CSI: Miami. Ambas con un estilo que Bruckheimer denomina ‘programas de proceso’. “Me encantan las series que te meten dentro de un mundo del cual nunca serás parte”, comenta. “Y si capturas el mundo real de la gente que hace ese trabajo, entrarás al mundo de los investigadores de las escenas donde ocurren los crímenes y ellos te explicarán cómo hacen su trabajo. Eso es exactamente lo que hemos hecho. Asimismo, un número de consultores del programa son ellos mismos investigadores criminales”.

Otro reto importante para los creadores, en la medida en que pasan los episodios y las temporadas, es no repetirse a sí mismos, aburriendo así a la audiencia. Para Robert Cochran, creador junto a Joel Surnow de la serie 24, el desarrollar la segunda temporada de la serie implicó buscar nuevos elementos que funcionasen en el innovador estilo de 24, cuya acción transcurre en tiempo real. “Sabíamos que si raptábamos otra vez a Kim [la hija del protagonista], la gente sencillamente nos hubiera matado”, confiesa Cochran. “Teníamos que conseguir algo que nos permitiera narrar una historia con la misma intensidad y el mismo nivel de suspenso, pero que no recurriera demasiado al pozo de ideas que conformaron la primera temporada”.

Descubrir estos elementos a veces no sólo se debe a la imaginación o el ingenio, sino a la “pura desesperación”, explica Cochran. “Vienes a trabajar y te das cuenta que si no se te ocurre algo, ¡no te van a pagar!”
Como bien lo indican las afirmaciones de Cochran, el desarrollar una serie no se hace más fácil con el tiempo, por más temporadas que estén en el aire. Menos aún en una época en la que la férrea competencia lleva a las cadenas a auscultar los ratings de manera compulsiva, viéndose a veces forzadas a tomar decisiones en forma inmediata. “Cada serie nace bajo pena de muerte”, destaca Dick Wolf, el hombre detrás de la franquicia de Law & Order. “Sólo que no sabes cuando vas a ser ejecutado. Lo único que puedes hacer es armar el mejor programa posible cada semana y esperar que la audiencia reconozca calidad cuando la vea, lo que suele pasar”.

Los límites de la creatividad

Para Wolf, la razón del éxito de Law & Order y sus derivados Law & Order: Special Victims Unit y Law & Order: Criminal Intent, es muy sencilla: “El drama es un conflicto, y el conflicto más viejo es la lucha entre la vida y la muerte, que ocurre todo el tiempo en las series policíacas o de abogados”. Asimismo, agrega que el hecho de que cada episodio está impulsado por la historia, no por sus personajes, permite que la audiencia no se sienta perdida si de vez en cuando pierde un capítulo de la serie. “En cada episodio, hay un principio, un desarrollo y un final; una historia completa”, dice Wolf.

A pesar de toda la celebración que se ha hecho de los programas de HBO o al estilo HBO, Wolf no siente que su creatividad haya sido objeto de limitaciones en el ambiente de la televisión abierta. “Nunca me he sentido impedido de hacer una historia y, francamente, ¡no creo que a nadie le interese ver a mis protagonistas desnudos!”.

“HBO es HBO y creo que es una excusa conveniente el hecho de que pueden usar lenguaje fuerte y mostrar escenas más atrevidas”, añade Wolf. “Pero en la realidad, Law & Order aún es visto por tres o cuatro veces más gente que The Sopranos porque está al aire en una cadena de televisión abierta”.

No obstante, el trabajar para las cadenas sí puede implicar un cierto grado de discusiones y consideraciones. “Te encuentras en un estado permanente de negociación: sobre la naturaleza de tu programa, qué tan lejos puedes ir, qué puedes hacer, bla, bla, bla”, afirma Steven Bochco, creador de dramas como Hill Street Blues y NYPD Blue. “Pero esto no es necesariamente negativo, es simplemente la realidad del trabajo. Lo que tratas de hacer, con la mejor voluntad posible, es expandir la percepción de lo que es aceptable en un medio. Lo cual, por cierto, es lo que hacemos con NYPD Blue”.

Bochco añade que, en su caso, trata de evitarle a los escritores todo este vaivén, para permitirles la mayor concentración posible en su tarea. “En la televisión hay tan poco tiempo… Todo lo que puedas hacer para proteger a los escritores de estas interminables distracciones creativas de la cadena todos los días, solamente puede resultar provechoso para el trabajo. En mi empresa, realmente he tratado de evitar que el escritor tenga que tratar estos asuntos”.

Pero al final del día, a pesar de la sangre, el sudor y las lágrimas derramados por los creadores, el éxito de una serie es una recompensa que va más allá de lo material. “Realmente creo que nuestro negocio es algo diferente”, dice Spelling. “No sé en qué manera, ni cómo expresarlo, pero cuando la gente se te acerca cuando estás en una farmacia o en algún otro lugar, y te comenta: ‘Oh, señor Spelling, no le puedo decir todo lo que ha hecho por mi familia y por mi’. ¡Vamos! ¡Eso es mejor que los $10 que me paga Sumner Redstone a la semana!”





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